ADOLESCENCIA: “Una mirada hacia el pasado”

La adolescencia es cuando las niñas dejan de creer en los cuentos de hadas, y empiezan a creer en el amor. (Autor desconocido)

La madurez es solo un breve descanso en la adolescencia. (Jules Feiffer)

Luchando por superar la fase de desaliento malhumorado (Winnicott, 1963)

Entre más queremos comprender al adolescente más nos sentimos frustrados. Para lograr lidiar o manejar de una manera más positiva a un adolescente debemos haber vivido y entendido a plenitud nuestra propia adolescencia. Es tan igual como cuando un psicólogo no puede tratar pacientes hasta que no se haya sometido a un proceso de psicoterapia larga, así mismo pasa con nuestros hijos de esta edad tan ambivalente. Si no viviste tu adolescencia con todos sus altibajos nunca podrás entender las emociones que estos proyectan día a día en sus acciones.
En esta etapa, podremos recordar nuestros vaivenes de necesidad de independencia desafiante coexistiendo con dependencias regresivas hacia los padres. Así mismo, la tensión sexual que se vive en esas edades, la presión social por ser aceptado en algún grupo, la necesidad de ser comprendido constantemente (lo cual genera frustración y malhumor la mayoría del tiempo) y la necesidad de provocar y retar a la sociedad. Todo esto, es característica de esta etapa tan compleja pero pienso que el rasgo más importante es la necesidad de establecer una identidad con un tinte existencial y dramático. Winnicott (psiquiatra, pediatra y psicoanalista, 1896) “Plantea que es una etapa del desarrollo, en el que el sujeto pasa por una fase de “desaliento malhumorado”. De esta forma, él plantea que la adolescencia es un proceso que debemos pasar, que no tiene “cura” porque no se trata de una enfermedad, que no se puede acelerar, ni se puede detener. De este modo, llegar a ser un adulto está en función del paso del tiempo y los procesos de madurez emocional.

Es importante saber que las emociones de la adolescencia son producto directo de los cambios físicos que tiene que elaborar los adolescentes, sumado a las nuevas exigencias que recibe del entorno social. La forma en que afronta estos cambios y estas angustias tiene relación a patrones de personalidad que ya se han ido formando en las primeras etapas de la infancia. Por eso, cada vez que vamos a un proceso de psicoterapia debemos empezar por cómo fue esa infancia. En fin, el punto es que, el adolescente intenta en esta edad, separarse del vínculo familiar para volver a encontrar su autonomía emocional y es cuándo empieza a identificar sus elecciones sexuales, aspecto que le genera mucha angustia y ansiedad.

Otro rasgo importante en esta etapa es que el adolescente busca construir constantemente una identidad que sea acorde a sus propios ideales. Es decir, una identidad que no los traicione, por ello no logran amoldarse a un rol que les asigna un adulto. El empeño como padres de hacer que un adolescente se vista, se comporte o hable a su manera es ir en contra de esta búsqueda de identidad que sufre el adolescente. Por esto, se generan choques frecuentes con los padres y causan frustración a ambos bandos, a tal punto de parecer una guerra.

¿Pero entonces, que debemos hacer como padres? ¿Cuáles son las conductas que debemos seguir para relacionarnos mejor? Los padres somos el foco central para que nuestros hijos puedan tenernos como guía, siempre y cuando podamos respetar ciertos límites que se generan en esta etapa. Es muy cierto aquello que se dice que no podemos ser sus mejores amigos, pero tampoco podemos convertirnos en sus policías personales, sólo debemos saber ser “PADRES”. Es fácil decirlo, pero es difícil hacerlo, la primera condición es tener “PACIENCIA”, respirar profundo, abrir constantemente el diálogo, dejar abierta una ventana de confianza para que él/ella se sienta cómodo a la hora de consultar o confesar algo. Debemos seguir siendo padres en la puesta de límites, disciplina en horarios, salidas, amigos, normas del hogar, responsabilidades básicas que deben cumplirse. Debemos ser claros en lo que queremos que se cumpla y ser flexibles en otras cosas que puedan negociarse para ayudar al crecimiento. Nuestra tarea como padres es educar y esto no implica ser autoritario, se trata de transmitir jerarquía por conocimiento y no por la fuerza. Cuando debemos decir “no” a un adolescente y le explicamos el por qué de las razones, estamos implementando un poder sano, no autoritario, decir “no, porque soy tu papá y así lo quiero” es aumentar las resistencias, generando más rabia y sentimientos de incomprensión en sus hijos, por lo cual no querrán respetarlos, si no causar mayor oposición a las exigencias que se traten de impartir con ellos.

Es importante razonar acuerdos, negociar nuevas reglas que se discutan para que queden claras y estén al tanto de las consecuencias de su incumplimiento, esto hace que sea más fácil su crecimiento y el disfrute de la familia juntos. Por otro lado, existen algunos padres que no quieren imponer límites y reglas claras por no sentirse autoritarios, entonces el chico/a crece sin reglas claras, confundiéndose y desubicándose en su comportamiento cotidiano.
Lo importante en esta etapa es mantener los ojos bien abiertos, y hacerle caso a nuestra intuición de padres. La clave para facilitar el paso de la niñez a la adultez joven es poder entender y cambiar de acuerdo a la nueva personalidad de nuestros hijos. Por ejemplo, enseñarles a tener sus aventuras en horarios razonables, invitarles a hablar de los temas que le preocupa. Algunos jóvenes tienden a encerrarse o aislarse porque se sienten juzgados o se perciben a sí mismos como “raros” al no comprender ellos mismos por qué hacen cosas o sienten algunas emociones. A veces los padres por intentar ayudar nos colocamos en el papel de jueces, diciendo lo malo y lo bueno de sus conductas, y no dedicamos tiempo para saber las razones que los llevó a hacer esas conductas. Si ellos sintieran la libertad de hablar con su familia tal vez se meterían en menos líos. Si ustedes perciben que sus hijos están en problemas más graves como drogas, trastornos alimenticios, depresiones graves, aislamiento social, amigos raros o ausencias frecuentes, entonces no duden en buscar un especialista que los guie y los apoye en este proceso.

Meditar, evaluar, comprender, escuchar, leer e informarse, actualizarse con cursos o charlas, compartir la experiencia con otros padres, todo esto nos ayuda crecer y mejorar nuestra relación con los jóvenes, al final termina siendo una inversión que van a agradecerles cuando ya haya pasado la tormenta de emociones y empiece la primavera de la madurez. Así que mucha paciencia, mucha introspección (autoevaluarse), y echemos una mirada atrás, volemos en el tiempo y tratemos de recordar lo que fue nuestra adolescencia, de esta forma podremos estar por segundos en los zapatos de esta nueva persona que se nos está formando en el hogar y lograremos llevar esta relación de una forma menos conflictiva.

Jennifer Nava Pérez

Psicóloga. 7278 – Jaco, Costa Rica.

Cel: 83101369

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3 comentarios

Archivado bajo Psicología

3 Respuestas a “ADOLESCENCIA: “Una mirada hacia el pasado”

  1. Luisa Guararima

    Muy interesante esta informacion, por lo acertado y profesional, ademas de sencillos sus planteamientos. Gracias por compartirlos

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